XXX aniversario del IUU (1991-2021) – Juan Luis de las Rivas Sanz

30 aniversario del IUU

He sido director del IUU entre septiembre de 2000 y septiembre de 2005 pero, como es sabido, he trabajado en el Instituto con intensidad desde su constitución, colaborando estrechamente con Alfonso en su puesta en marcha.

Mi primera visita a Valladolid respondió, en 1987, a la búsqueda que Alfonso, entonces joven catedrático de Urbanismo, estaba haciendo de nuevos profesores, de la que tuve noticia gracias a Alfonso Vegara, entonces profesor en Madrid. Me acuerdo que nuestro hoy querido emérito -han pasado tantos años- al hablarme del departamento insistió desde el primer día en la importancia de realizar trabajos de investigación y profesionales en equipo, mostrándome algunos documentos del Plan Especial que se realizaba en el Departamento para el Centro Histórico de Valladolid. Sin duda, ello resultaba atractivo para alguien que, como era mi caso, estaba interesado por la profesión y no solo por la enseñanza.

El Instituto nació de esta doble vocación, docente e investigadora, investigación aplicada en una disciplina como el Urbanismo, con la voluntad de que todo ello tenía que contribuir a “hacer” universidad. Yo venía de Pamplona y conocía de cerca la experiencia que Vegara iniciaba en su Taller de Ideas tras su retorno de Estados Unidos. Sin embargo, para mí el principal atractivo consistía en trabajar dentro de la universidad, con la posibilidad de convertir dicho trabajo en fuente de aprendizaje.

El primero que aprendía era yo mismo, animado por un contexto, todavía muy abierto, que exigía compromiso, y participando en su construcción. El entorno era favorable tanto por una universidad todavía en expansión como por la consolidación de las nuevas administraciones locales y, sobre todo, de la comunidad autónoma, en pleno proceso de maduración. Circunstancias y amigos nos ayudaron en este contexto. El primer trabajo relevante, con el Instituto en ciernes y liderado por Alfonso, fueron los planes especiales de Segovia, una ciudad con la que no hemos perdido el contacto desde entonces. Un buen amigo mío, Manuel Tuero, cuando era jefe de servicio de estudios de Medio Ambiente, nos abrió la puerta a la colaboración con la Junta de Castilla y León mediante dos trabajos de investigación muy oportunos, uno sobre el Canal de Castilla (1992) y otro sobre la relación entre el ferrocarril y las ciudades en la región (1994). Dos temas que no han perdido actualidad. El primero sirvió para consolidar la red de relaciones internacionales del Instituto, analizando experiencias de Bélgica, Gran Bretaña e Italia. El segundo sirvió para configurar un equipo de investigación más interdisciplinar, y gracias a él comenzó Luis Santos a colaborar con nosotros.

El inicio del programa Erasmus facilitó que arraigara la conexión milanesa, conectando con Campos Venuti y su grupo en el Politécnico. Alfonso fomentó esta iniciativa y yo me beneficié con una primera estancia en Milán, a finales de 1990 y principios de 1991. El Instituto estaba comenzando su andadura. También fue factor relevante la conexión con México, con el primer programa de doctorado en Guadalajara. Allí volcamos la ilusión que teníamos de que el Instituto no sucumbiera al localismo. La revista Ciudades era también muestra de ello. Tras el primer número, de 1993, y con un retraso que daba muestra de las dificultades, me hice cargo de los dos siguientes (1995 y 1996) donde ya se mostraba la dimensión internacional de nuestro enfoque. El trabajo era muy intenso y el contacto con otros grupos servía de contraste. Tras una estancia en Arizona en los últimos meses de 1995, animado por el convencimiento de la necesidad de renovar la dimensión medioambiental del urbanismo, compartido con Ángel Marinero, gran amigo y funcionario de inteligencia sobresaliente, el trabajo del Taller al que yo me dedicaba recibió un gran impulso. Así, en unos años de colaboración intensa y estrecha, mientras Alfonso se concentraba en la dirección de la investigación y del doctorado internacional del Instituto, yo procuraba mantener su vínculo con la cultura de planificación espacial más exigente. Las conversaciones con urbanistas de la talla de Carmen Gavira, Fernando Roch, Ramón López Lucio o Manuel Ribas Piera, de los que tanto he aprendido, fueron entonces ilusionantes porque partían de un generoso reconocimiento del esfuerzo que estábamos realizando desde una ciudad media y en una Escuela pequeña. En ello estamos, cargados de gratitud y conservando el espíritu de equipo que nos permite seguir avanzando.

Juan Luis de las Rivas Sanz.

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