XXX aniversario del IUU (1991-2021) – María Castrillo Romón

El IUU en 2016-2021: de la madurez a la densificación de las redes de colaboración

La celebración del 30º aniversario de la creación del IUU me parece una excelente ocasión para volver sobre su pasado para pensar su futuro, y agradezco mucho la oportunidad de poder participar en ello desde la perspectiva que me proporciona el haber ocupado el cargo de directora entre septiembre de 2016 y enero de 2021.

Mirando hacia atrás, me parece que la principal característica del IUU desde sus orígenes ha sido su enorme capacidad de iniciativa, incluso cuando las condiciones de contexto han sido adversas, gracias al compromiso férreo de muchos de sus miembros y a las extensas redes de colaboración externa construidas a lo largo del tiempo. Esa era también mi perspectiva cuando Javier Pérez Gil y yo nos hicimos cargo de la dirección del Instituto. En ese momento, con un importante bagaje de más de dos décadas, el IUU era ya un proyecto muy consolidado y maduro, una máquina en marcha con un motor potente y muy bien organizado. Cuando recibía felicitaciones por mi nombramiento me gustaba insistir en que, en realidad, el IUU casi marchaba solo, que no necesitaba una directora sino, como mucho, alguna coordinación. No obstante, sabíamos que había una dificultad importante en esa tarea. Mientras las actividades del IUU iban creciendo claramente, los recursos propios iban disminuyendo claramente: los presupuestos anuales se reducían y las condiciones laborales de algunos de los investigadores más activos se habían fragilizado.

El IUU acababa de conseguir sus dos primeros proyectos financiados por la Comisión Europea, INTENSSS-PA y UrbanHist. Con ellos, se abría un periodo muy intenso y muy positivo de colaboraciones internacionales a gran escala que, entre otras muchas virtudes, vinieron a proporcionarnos una conciencia mucho más clara de las fortalezas del IUU. La revista Ciudades, por su parte, había iniciado un árido pero importante proceso de digitalización y de adaptación a los sistemas de normalización que enseguida empezaría a dar fruto en términos de indexación y reconocimientos de calidad científica. Por otro lado, los trabajos del “taller del IUU”, rebautizado IUU_Lab, se proseguían a buen ritmo y, con la energía de los jóvenes investigadores y colaboradores del IUU empezaban a culminar las tareas de mejora de la comunicación del IUU: nueva web IUU (¡qué buena idea!), blog del IUU_Lab, un nuevo logo, redes sociales…

Y las iniciativas seguían proliferando: nuevos proyectos de investigación financiados por el MINECO, nuevos trabajos técnicos (PRICyL…), la serie Dossier Ciudades, el Boletín del IUU, el premio IUU para jóvenes investigadores, la formación de postgrado (SIG y otros), talleres nacionales (con profesores y estudiantes de la ULe, en Grajal de Campos) e internacionales (con profesores y estudiantes de urbanismo de Toledo y Roma)… y nuevos acuerdos de colaboración.

De hecho, si tuviese que subrayar una peculiaridad del IUU en el periodo 2016-2021, probablemente sería la intensificación de las colaboraciones externas. Algunos acuerdos fueron formalizaciones de relaciones más antiguas (acuerdos con la Universidad Iberoamericana de Puebla o con COCEDER) y otros sirvieron para construir nuevos y fértiles escenarios. Más allá de los proyectos europeos, con el grupo transversal “Usages de l’histoire et devenirs urbains” del Labex Futurs Urbains, establecimos una línea de trabajo de encuentros bilaterales sobre urbanismo y usos de la historia que se continua celebrando semestralmente de forma alternativa en Francia y en España. También se abrió una colaboración con el Instituto Universitario de Historia Simancas bajo la forma de convenio entre la Universidad y el Ayuntamiento de Valladolid, que está dando lugar a seminarios, jornadas y publicaciones sobre urbanismo y patrimonio con los que la vocación social del IUU adquiere nuevos perfiles, al igual que sucede en torno a temas de medio rural y participación social con los seminarios organizados regularmente en colaboración con la Fundación Entretantos.

Toda esta actividad requirió, como imaginábamos, de un esfuerzo de coordinación (y de largas sesiones del Consejo del IUU) pero, sobre todo, del inefable trabajo de muchos miembros del IUU, algunos veteranos y otros jóvenes o recientemente incorporados. Lamento que una parte de ese empuje y compromiso haya tenido que ser canalizado durante los últimos años a suplir la escasez de recursos del IUU, aunque quizá sin ese voluntarioso sobreesfuerzo no hubiésemos conseguido detonar los mecanismos que han permitido que hoy veamos paliadas algunas necesidades históricas (más espacio, un técnico de plantilla…). Por ello, visto en conjunto, creo que el balance no puede ser sino positivo y un acicate para seguir trabajando.

María Castrillo Romón.

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