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Presentación del libro “Jean-Pierre Garnier. Un sociólogo urbano a contracorriente”

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Se acaba de publicar el libro Jean-Pierre Garnier. Un sociólogo urbano a contracorriente, escrito por Rosa Tello y publicado por la editorial Icaria en su colección ‘espais crítics’.

horacio_capelPara presentar el libro se ha organizado una jornada titulada ‘Pensar y resistir las geografías del capital’, que se desarrollará este próximo viernes 16 de diciembre de 2016 a las 19h. en el Auditorio de Can Batlló, Carrer de la Constitució, 19, Barcelona. Se organizará un debate sobre el mencionado tema con la participación del propio Jean-Pierre Garnier, Rosa Tello, Manuel Delgado, Pere López, Marc Dalmau y moderado por Núria Benach.

Si alguien está interesado en conseguir el libro, podéis acceder a él a través de la web de la editorial Icaria, donde además se puede descargar el índice y la introducción.


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Sesión: Avanzando en la Regeneración Urbana (Ideas para Valladolid)

Mañana día 2 de diciembre de 2015, tendrá lugar una sesión destinada a debatir ideas sobre la Regeneración urbana en Valladolid titulada “Avanzando en la Regeneración Urbana (Ideas para Valladolid)”. Este acto está organizado por la AGRUPACIÓN DE ARQUITECTOS URBANISTAS DEL COACyLe y se celebrará a las 19:00h. en el Salón de Actos en Demarcación colegial de Valladolid.

El objetivo es “producir un foco de debate y reflexión urbanística sobre la Regeneración Urbana, sus paradigmas actualizados, discusiones propias y aproximaciones multidisciplinares”. Está orientada al colectivo profesional de arquitectos y urbanistas, generando “un encuentro de ideas, aportativo de experiencias, perspectivas diversas y propuestas aplicables al contexto regional próximo y específicamente de la ciudad de Valladolid”.

Los participantes invitados representan “agentes sociales, instituciones y colectivos interesados en el tema de la Regeneración Urbana, con implicación directa en la intervención en la ciudad, conocimiento aventajado del marco local e interés demostrado en los temas disciplinares alusivos a la Regeneración y la Rehabilitación Urbanas.”

Para más información, os remitimos a la propia entrada de blog que ha publicado el COACYLE.

Aprovechamos para recordar que precisamente este es el tema propuesto por la nueva convocatoria de artículos para Revista Ciudades: Nº 20 Regenerar la Ciudad. Condiciones y límites de una estrategia urbana”.

Participantes invitados:

Junta de Castilla y León: D. Ángel Marinero Peral, Director General de Vivienda, Urbanismo y Suelo; D. Enrique Saiz Martín, Director General de Patrimonio Cultural

Ayto. de Valladolid: D. Manuel Saravia Madrigal, Concejal de Urbanismo, Infraestructuras y Vivienda

Instituto Universitario de Urbanística: D. Juan Luis de las Rivas Sanz, redactor de Estrategia Integral Rehabilitación en CyL

Confederación Vallisoletana de Empresarios: D. Alberto López Soto (AVECO) y coordinador Foro “Valladolid ciudad de futuro”

Asociación de Ecologistas en Acción: D. Javier Gutiérrez Hurtado, Economista y Miembro de Ecologistas en Acción Valladolid

Arquitectos colegiados: D. Alfonso González Gaisán, Experiencias en vivienda protegida y rehabilitación

Modera: Gregorio Vázquez Justel, Agrupación de Arquitectos Urbanistas COACyLE

 

 

Opinión: ARQUITECTOS Y URBANISTAS, ¿PARA QUÉ?_Eduardo Mangada en CDU

Publicamos con gusto una opinión de Eduardo Mangada que ha aparecido el 3 de febrero en la web del Club de debates urbanos (podéis encontrar la versión original pinchando aquí) y que nos ha interesado bastante. Esperemos que todo ello sirva para generar cierto debate en nuestro blog. Ya sabéis que esperamos vuestros comentarios y/o opiniones. Os invitamos también a visitar la página web del Club (http://www.clubdebatesurbanos.org/), que os informa de sus numerosas actividades.

Eduardo Mangada – Arquitectos y Urbanistas, ¿Para qué?
Un grupo de alumnos de arquitectura, mediada ya la carrera, me plantea la siguiente cuestión: arquitectos y urbanistas ¿para qué? Intento una respuesta inmediata, pero me doy cuenta de la frivolidad y les pido un par de días antes de mandarles un email con mis reflexiones, más que mis contestaciones. La pregunta de los alumnos abre, para matizarla mínimamente, otro interrogante: ¿de qué arquitectura hablamos o que entendemos por arquitectura? Y, de forma semejante: ¿qué entendemos por urbanismo?
Una primera condición que me autoimpongo es dejar fuera cualquier tentación de ser el experto por encima de mis interpelantes, de ser dueño de la verdad. Vienen en mi apoyo algunas citas ilustres. Lessing prefiere la “búsqueda de la verdad” a la “posesión de la verdad”. Nietzsche afirma que “las  convicciones fundamentalistas se convierten en prisiones”. Pascal grita “¡Nada es cierto!”. Y nuestro poeta Ángel Valente sentencia “¡Murió, es decir, supo la verdad!”. Casi nunca hay una sola respuesta cuando nos planteamos preguntas sobre temas complejos referidos a la forma de vivir de los hombres y las formas en que se expresa a través del arte.
Arquitectos, ¿para qué?, me obliga a una aproximación, muy simplificada, de qué es un arquitecto, pudiendo definirlo remitiéndome a su profesión, “cuyo principal contenido es dar forma física las demandas y anhelos de cada individuo y de la sociedad en su conjunto” (Ricard Pié) o, como dice Antón Capitel, “la conversión en arte de una necesidad humana, la construcción de cobijo”, la casa y la ciudad, función y símbolo a la vez.
Los arquitectos serán necesarios mientras el hombre necesite cuatro paredes y un techo para resguardarse de las fuerzas de la naturaleza, para recrearse en su intimidad y silencio, para reunirse y debatir, para cantar solo o en coro, para rezar… será necesario el arquitecto como mediador entre la demanda de la sociedad o del individuo y el constructor, ya que en muy raras ocasiones (quizá solo en las sociedades primitivas) el hombre puede construirse su propio alojamiento. Y tengamos presente que la casa, la iglesia, el parlamento o el teatro, no solo es un recinto protegido, sino un símbolo, un icono visible y reconocible ante el conjunto de la sociedad. Requiere, por tanto, pericia técnica y artisticidad.
¿Y los urbanistas) Mientras los hombres sigan queriendo vivir juntos en un espacio complejo que llamamos ciudad, serán necesarios “los urbanistas”, con la titulación que sea. Profesionales capaces de dar forma al espacio colectivo y multifuncional. Pero la ciudad no es solo un espacio funcional en el que se desarrolla de la forma más efectiva y satisfactoria posible la actividad de los ciudadanos, sino que es un espacio arquitectónico, es decir, un espacio con una forma organizada que quiere ser bello.
Oriol Bohigas escribe: “La forma de la ciudad es un elemento fundamental para su buen funcionamiento y para su adecuada interpretación”. Para ello la primera condición es “proyectar ordenadamente la forma del espacio público”.
Y ahora soy yo el que me pregunto ¿cómo se aprende a ser arquitecto? ¿cómo se aprende la arquitectura? La arquitectura es lo que han hecho los buenos arquitectos a lo largo de la historia. Lo que han hecho Brunelleschi, Miguel Ángel, Palladio, Juan de Herrera… y más cercanos Le Corbusier, Mies, Aalto, Siza, Piano, Moneo o, más aún, Murcutt o Zumthor. La arquitectura son los buenos edificios construidos con rigor técnico y belleza. Mies renegaba cuando lo llamaban arquitecto, el se definía como constructor con arte. Por eso es difícil, casi imposible, definir y aprender arquitectura desde conceptos filosóficos o reflexiones teóricas sobre “el arte”: porque la arquitectura es materia, materia bien manejada, bien “aparejada”, que se transforma en forma útil y bella para el hombre.  Por eso la arquitectura solo se aprende de la “arquitectura” construida, vista y tocada por quien quiera aprender a ser arquitecto. Es del esfuerzo por entender los buenos edificios, de someterlos a disección, de copiarlos, como se aprende arquitectura. Para este difícil ejercicio necesitaremos los ojos y las manos, pero también la inteligencia debidamente cultivada, es decir, la “cultura”. Leer filosofía, poesía, historia, sociología, religión… para agudizar nuestros sentidos con el aguijón de nuestra mente.
¿Y el urbanismo? Más o menos lo mismo. Conocer las ciudades, empezando por la tuya propia. Conocerlas desde el aire (Google Earth) y desde el pavimento. Medir sus calles con nuestros pasos. Calcular las distancias con nuestros ojos y comprobarlas después con el metro o el teodolito. Ver el comportamiento de la gente paseando, a pie o en coche, sentada en un banco, celebrando una fiesta colectiva o reivindicando sus derechos en una airada manifestación. Luis Fernández Galiano escribe: “tanto los espacios urbanos como los grandes ámbitos de los edificios públicos solo adquieren sentido cuando se convierten en escenario y marco de la vida social, y es la coreografía de la celebración o la protesta, del espectáculo o el duelo, lo que otorga vida y significado a las fábricas inertes de la arquitectura”.  Y Manuel Solà-Morales, en un corto escrito denominado Between de bars (Balada, de Elliot Smith, finales de los 90), recomienda a un amigo que para conocer Barcelona recorra una lista de doce bares que, siendo interesantes en su interior y lo que sirven, cobran significado “por el lugar en que están situados y por el uso que establecen entre el interior y el exterior”, para concluir “Entre los bares, la ciudad. Lo que hay entre los bares, eso es la ciudad. ¿Me has entendido?”.
Y dibujar con el lápiz una y otra vez, los trazados, los alzados, la topografía de la ciudad. Dibujar, dibujar y dibujar, hasta que la ciudad se nos quede en la memoria de nuestros dedos, para luego poder proyectarla usando a la vez el centímetro y el kilómetro. Por trozos, desde lo pequeño a lo grande. Invirtiendo el axioma de los racionalistas heroicos, aquí la forma es lo que posibilita la función.
¿Y los planes de los que tanto nos hablan en la escuela? Superado su carácter jurídico-administrativo, necesario para una convivencia civilizada y el control de los agentes públicos y privados en la construcción de la ciudad, los planes que son necesarios son aquellos que son capaces de proyectar la ciudad, “es decir, a poner en relación conceptos y formas, ideas y materiales”, palabras de Solà-Morales, que afirma: “Hay que hacer planes. ¡Claro que hay que hacer planes! Planes, proyectos, metaproyectos, avances, esquemas, ideas, visiones, estrategias de cualquier naturaleza y escala. Sobre todo, hoy, de alcance territorial, de ingeniería y geografía urbanísticas, de economía y biología urbanísticas. Redactados por quien sepa hacerlos. Urbanísticos por su contenido y alcance y no por su perímetro”.
¿Hasta cuando los arquitectos? Los arquitectos serán demandados por la sociedad y, por tanto, seguirán existiendo y siendo necesarios, si su trabajo está dirigido a resolver, a garantizar una satisfactoria “habitabilidad” para los hombres, para los ciudadanos. Y no se atrincheren en su función de diseñadores de iconos brillantes, novedosos y caros, al servicio del negocio inmobiliario o de la exhibición de políticos e instituciones. O, en sentido contrario, no se reducen a vulgares funcionarios que con su firma legitiman o, al menos, legalizan los horrores que inundan nuestras ciudades, costas y montañas.
Invocación final. Para que la arquitectura y el urbanismo sigan siendo oficios nobles y útiles es necesario un rearme moral, ideológico, de los arquitectos y urbanistas, “amenazados como estamos por dos carcomas éticas, igualmente letales: el pesimismo y el cinismo” (Solà-Morales).